Viajar a Islandia en camper: nuestra aventura

Islandia siempre había sido uno de esos destinos que imaginábamos salvaje, indomable y diferente a cualquier otro lugar del mundo, pero jamás pensamos, que pudiéramos tener que cambiar nuestros planes en pleno viaje.

Viajar por la isla en camper durante el pasado mes de marzo superó cualquier expectativa que pudiéramos tener. Lo que empezó como una ruta soñada para recorrer la famosa Ring Road completa terminó convirtiéndose en una aventura inesperada marcada por el temporal, la nieve y la capacidad de adaptación.

Cada día depende completamente del tiempo y la naturaleza te obliga constantemente a improvisar, pero precisamente ahí está gran parte de la magia de este destino.

El temporal que cambió nuestros planes

Desde el primer momento, Islandia nos recordó que allí la naturaleza manda. Durante varios días nevó sin descanso, las carreteras del norte comenzaron a cerrarse una tras otra y, poco a poco, tuvimos que aceptar que nuestro plan inicial de dar la vuelta completa a la isla no iba a ser posible.

En otro viaje quizá eso habría supuesto una decepción, pero en Islandia aprendimos rápido que el verdadero viaje estaba precisamente en todo aquello que no podíamos controlar.

Adaptar la ruta, revisar constantemente el estado de las carreteras y el tiempo e incluso conducir entre nieve, hielo y viento pasó a formar parte de la aventura.

Hubo incluso un día en el que no nos quedó otra opción que parar completamente. Activaron alerta naranja por el temporal y todas las carreteras quedaron cerradas, así que continuar era imposible. Lejos de frustrarnos, decidimos tomárnoslo como una pausa necesaria dentro del viaje.

Aprovechamos para descansar y disfrutar tranquilamente de un camping en Selfoss, mientras fuera el viento y la nieve seguían demostrando la fuerza del invierno islandés.

Aquella parada improvisada también formó parte de la experiencia y nos recordó que en Islandia el ritmo lo marca siempre la naturaleza.

Cascada Öxarárfosá. Anabmon
Cascada Öxarárfosá Islandia

Islandia cubierta de nieve

La isla se transformó ante nuestros ojos en un paisaje completamente blanco. Las montañas desaparecían entre la niebla, las carreteras parecían perderse en medio de la nieve y cada parada nos regalaba escenas que parecían sacadas de otro planeta.

Ver las cascadas parcialmente congeladas fue una de las imágenes más impresionantes del viaje. El agua seguía abriéndose paso entre enormes bloques de hielo, creando un espectáculo tan salvaje como hipnótico.

Y, aunque el frío y las ventiscas eran constantes, también hubo tiempo para disfrutar de uno de los mayores placeres islandeses: bañarse en aguas termales en mitad del invierno. Vivimos esa experiencia en Secret Lagoon, el balneario natural más antiguo de Islandia. Mientras alrededor soplaba el viento y la nieve caía suavemente, nosotros estábamos sumergidos en agua caliente contemplando el paisaje humeante.

Una sensación difícil de explicar y uno de esos momentos que hacen único un viaje a Islandia.

Secret Lagoon. Anabmon
Secret Lagoon

El tiempo nos dio tregua

Entre tanta nieve y días grises, el tiempo nos regaló inesperadamente una pequeña tregua. Un solo día de cielo calmado, nos permitió cumplir uno de los sueños del viaje: visitar Vatnajökull, el glacial más grande de Europa.

Con el temporal, muchas excursiones se cancelaban constantemente, así que poder realizarla fue casi un milagro. Caminar entre aquel inmenso paisaje nevado y silencio absoluto, fue una experiencia difícil de describir con palabras.

Además, tuvimos la suerte de visitar el interior de tres cuevas de hielo, cada una completamente diferente. Entrar en ellas parecía adentrarse en otro mundo: paredes azules translúcidas, formas imposibles creadas por la naturaleza y un silencio sobrecogedor que hacía el momento todavía más mágico.

Las temperaturas rondaban los -15 grados y el frío se sentía de verdad. Apenas notábamos las manos aún llevando guantes, el pelo se nos escarchaba poco a poco y la cara terminaba completamente roja después de pasar un rato allí dentro. Pero, aun así, era imposible dejar de mirar alrededor. Aquello parecía un paisaje sacado de otro planeta.

En ese instante entendimos aún más la fuerza y la inmensidad de la naturaleza islandesa.

Interior cueva hielo. Anabmon
Interior cueva hielo

La noche en la que vivimos auroras boreales

Viajar en camper en estas condiciones hizo que viviéramos Islandia de una manera mucho más intensa. Las noches escuchando el viento golpear la camper, los amaneceres cubiertos de nieve y esa sensación constante de estar en medio de una naturaleza inmensa e impredecible hicieron que el viaje tuviera algo especial. No era solo visitar un país, era sentirlo.

Y entonces llegó uno de esos momentos que quedan grabados para siempre.

Ya nos íbamos a dormir, pero antes tocaba ir al baño a lavarnos los dientes y miramos el cielo y de repente apareció. Primero una luz tenue, casi tímica y en cuestión de minutos el cielo comenzó literalmente a bailar sobre nuestras cabezas.

Las auroras boreales se volvieron intensas, enormes, de un verde brillante mezclado con tonos rosas que parecían irreales. La emoción fue tan grande que empezamos a gritar de alegría como niños pequeños. No podíamos creer lo que estábamos viendo. Ya habíamos tenido la suerte de ver auroras en Laponia, pero no tan fuertes, tan vivas y tan impresionantes como aquellas.

Nuestros ojos no daban crédito mientras el cielo se movía constantemente sobre nosotros en medio del silencio absoluto de Islandia.

Auroras boreales. Anabmon
Auroras boreales

¿Merece la pena viajar a Islandia en marzo?

Sin ninguna duda, sí

Aunque marzo puede traer temporales, nieve intensa y cambios constantes en los planes también permite ver una Islandia mucho más salvaje y auténtica. Los paisajes nevados, las cascadas congeladas, las cuevas de hielo y la posibilidad de ver auroras boreales hacen que sea una época increíble para descubrir el país.

Islandia nos obligó a improvisar, a aceptar que no todo iba a salir como esperábamos y a convivir con una naturaleza completamente impredecible. Pero quizá precisamente por eso el viaje fue tan especial.

Porque algunos viajes no se recuerdas solo por los lugares que visitas, sino por todo lo que consigues sentir.

Islandia es naturaleza en estado puro. Un lugar capaz de hacerte sentir pequeño y afortunado al mismo tiempo. Y sin duda, UN VIAJE QUE JAMÁS OLVIDAREMOS.


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